La selección mexicana cumplió con lo esperado, conseguir la Copa Oro, bálsamo para apaciguar un poco la actualidad del fútbol mexicano y principalmente de la gestión de Javier Aguirre, que dista mucho de convencimiento y solidez, pero pese a todo ello está cumpliendo y dando los resultados necesarios para tener crédito en el banquillo nacional.
Cuando el “Vasco” asumió el cargo de seleccionador mexicano, había algo muy claro, ponderar el resultado a las formas, algo no extraño en el fútbol contemporáneo, donde la espectacularidad, orden y lineamientos quedan de lado a veces, para obtener la recompensa, porque ese es el estilo de Aguirre que le ha llevado a grandes momentos en su trayectoria.
Primero la Nations League, un torneo que le causó varios dolores de cabeza a la selección mexicana, que veía al acérrimo rival Estados Unidos levantar la copa una, y otra vez, pero Aguirre detuvo esta “paternidad” y venció el yugo gabacho.
Ese título doto un envión anímico al equipo, aunque persistían las falencias entre líneas y un cuestionado funcionamiento, pero suficiente para el nivel de Concacaf para lograr títulos.
´Deja vú´
Tal y como sucedió en 2009, Aguirre tomaba a México en un momento complicado, pero no tan sombrío como ahora; hace 16 años México llegaba con dudas a la Copa Oro, la cual no le representó tanto problema el avanzar de rondas, pese a que el momento por el que será muy recordada dicha edición, tuvo como protagonista al propio Aguirre, pero en una acción insólita.

En el transcurso del encuentro entre México ante Panamá, preso de la adrenalina del juego, Javier alcanza a patear al jugador panameño Ricardo Phillips para sorpresa de todos, generando una gresca que culminó con la suspensión del ex entrenador del Atlético de Madrid, volviendo hasta la final contra los Estados Unidos.
Los americanos presentaron un plantel “B” para el torneo, pues en simultáneo, el equipo estelar disputó la Copa Confederaciones (quedando subcampeones), pero con lo justo para estar en la final ante los mexicanos; en dicho partido, el equipo azteca sacaría la casta y le propinaría la goleada más grande entre ambos equipos en una final de Copa Oro, un contundente 5-0 y el dominio de vuelta.

Posteriormente, México encaminaría su calificación a Sudáfrica derrotando de nuevo a Estados Unidos en el estadio azteca, en un trepidante encuentro y un abarrotado Coloso de Santa Úrsula apoyando a su país.
Más es menos
La Copa Oro es un torneo que históricamente le ha resultado a México más perder que ganar; si se gana, es lo esperado, lo normal y obligado, si se pierde, es un fracaso, “vergüenza” y que ha costado cortar ciclos de entrenadores que han afectado el rendimiento de la escuadra nacional.
Si bien, es un título oficial, parece insuficiente para un equipo que, en teoría, busca una mayor aspiración futbolística, sólo que la zona en que compite, poco o nada le ayuda.
Tan así que la final es casi predecible edición tras edición, salvo ocasiones en que Panamá o Jamaica levantan la mano por competir (Costa Rica y Honduras han quedado atrás), y Canadá con la sorpresa a inicios de siglo, lo que la convierte posiblemente en el torneo continental más predecible y poco competitivo a nivel mundial.
Por eso para México, le representa muy poco avance futbolístico, aunque para su presente, le queda cómodo, pues el nivel mexicano tampoco ha experimentado grandes cambios, si no por el contrario, se ha estancado todo a menos de un año para el mundial donde nuestro país será junto a Canadá y Estados Unidos anfitriones.
De pronto, la alegría y satisfacción rodea al equipo mexicano, que recargará pilas para seguir preparándose rumbo al Mundial, donde la exigencia y competencia será mucho mayor, pero de mientras, hacer retroalimentación y sacar las mejores conclusiones porque aún hay mucho trabajo por hacer.
(Fotos: X)

Periodista deportivo 24/7, gustoso del buen fútbol y y carreras de autos, charla de todo un poco




