
En este mundo contemporáneo todavía impregnado de muchos matices que nos dejó el siglo XX, existe un ámbito en el cual podemos descubrir de una manera más didáctica la figura del líder. Ese ámbito es el deportivo.
Cuántos no soñamos con atravesar la media cancha con el 10 bien puesto (en mi caso siempre preferí el 7), dando instrucciones hacia dónde debían moverse los compañeros, visualizando el terreno de juego, buscando el mejor espacio para filtrar un pase que dejara enfrente del portero rival a nuestro delantero, hablando fuerte al central que le estaban ganando la espalda, motivando al compañero que recién había perdido un balón, y mostrando cómo tuvo que haber sido el perfil ideal al extremo para poder terminar la jugada.
Hoy vemos técnicos de fútbol que han hecho escuela y que han marcado época con diferentes tipos de liderazgo, desde el liderazgo impositivo, hasta el liderazgo consensuado que impregna al equipo y que lo convence de ir en busca del mismo objetivo: ganar.
Pero no solo en ganar está la enseñanza, un buen líder hace ver al equipo que lo rodea la importancia del trayecto hacia el triunfo, haciendo que se disfrute dicho camino aunque a veces no se pueda lograr el objetivo final.
En el mundo empresarial también necesitamos liderazgos positivos, más allá de ostentación de títulos, las empresas y los negocios buscan líderes capaces de transformar el status quo de las organizaciones, un líder que analice los procesos para proponer cómo mejorarlos, que tenga una visión y que la sepa compartir, que tenga la intención de compartir sus conocimientos en beneficio de toda la organización, que se enfoque en facilitar la coordinación, la planificación, el control y la dirección de las actividades que se generan en una empresa.
El liderazgo bien entendido también nos debe ayudar a formar una interpretación personal del éxito, poniendo a la ética, la confianza y el respeto como algunos de los pilares fundamentales mínimos del actuar de cualquier organización, alineando una visión compartida entre la organización y los integrantes y logrando así que estos vayan cumpliendo en lo individual sus propios objetivos.
Como una definición propia del liderazgo, yo me quedo con la que menciona Chris Lowney en su libro “El Liderazgo De Los Jesuitas” y que dice textualmente:
“Sin duda, la herramienta más convincente que tiene de ejercer un líder es su personalidad; es alguien que comprende cuáles son sus propios valores y deseos, que se guía por determinados principios y que se enfrenta al mundo con una actitud coherente. Una vez sentada esa base interna, la conducta del líder se desarrolla con toda naturalidad. Pero si falta esta base, la simple técnica nunca es suficiente. La mayor fuerza de un líder radica en su visión personal, transmitida mediante el ejemplo de su vida diaria”.
#MFCTeAsesora

Especialista financiero. Consultor y asesor de negocios. Aficionado a las Chivas y al Real Madrid.
Contacto: fernando.mejiacruz@asesoresmfc.com