Boxeo profesional desde la perspectiva del promotor. Así se publicita la serie documental producida por Netflix -estrenada este año- nombrada “Matchroom: The Greatest Showmen”. Eddie Hearn, hijo del fundador de la promoción que han organizado algunas de las funciones de boxeo más importantes de la historia, es el personaje principal en la temporada de seis episodios. Barry, fundador de la marca que resiente la senectud; trata de vestir elegante y mostrarse con vigor pese a tener una operación de próstata sin que se mencionen detalles del diagnóstico médico.
Como estrategia de publicidad, exponen la serie como una mezcla de “Formula 1: Drive to Survive” y “Sucession”. Texto osado al poner como argumento éxitos de crítica y fanaticada. Uno de los problemas de la serie es que, en más de una ocasión, se nota que algunos pasajes fueron preparados. Eso le quita naturalidad a las grabaciones. Queda la sensación de estar más cercano al reality show actual que a un intento por retratar las entrañas operativas de una empresa que opera eventos masivos de boxeo, lanzamiento de dardos y billar. Acontecimientos lujosos en zonas de primer mundo donde la taquilla y consumos de los asistentes recuperan la inversión.
El nombre “Matchroom” surgió de una partida de billar. Las reglas modernas del boxeo provienen de Inglaterra. El pugilismo se ve como una tradición. Entorno desafiante para los Hearn y su equipo directivo. Evitar fallas de organización en las veladas, hacer convenios con adversarios para negocios de ocasión y lograr que su marca trascienda más allá del mercado europeo. Tener las declaraciones de boxeadores como Anthony Joshua, Katie Taylor y Conor Benn logra entender el vínculo de los promotores. Destacan las grabaciones en la vida familiar de Benn; boxeador que enfrentó acusaciones de dopaje y eso generó una crisis en el matrimonio del pugilista.
Netflix tiene negocios con el influencer Jake Paul y Turki Alalshikh. En el episodio cinco, aparecen los entretelones de la función donde Paul y Tyson lograron millones de reproducciones en tiempo real. Lo mediático fue para ellos; la calidad boxística radicó en el dramático combate de Amanda Serrano y Katie Taylor. Eddie Hearn, con actitud retadora y carente de prudencia, trata de figurar. La gresca en vestidores con la gente de MVP (Most Valuable Promotions) da la sensación de ser un acto premeditado para ocasionar morbo.
Lo más disfrutable es cuando la gente en pantalla sale de lo superfluo. Una de las directoras de Matchroom carece de tiempo de libre con tal de lograr cumplir con las exigencias del puesto. Barry es frío con su hijo Eddie. Este reconoce que necesita cuidar su salud mental pero argumenta que compartir esta situación lo deja vulnerable. La crítica al sportswashing de Turki y exhibiciones comerciales –llamadas peleas- de Jake Paul no se hace. Otro jab en contra del contenido. Producción impecable y ritmo correcto hacen que, en el análisis final, sea recomendable.
Quizá otra productora, como HBO, se anime a adentrarse en las temáticas excluidas. Los Hearn festejan en sus lujosas propiedades. Tienen un negocio redituable y además lo presumen ante las audiencias.
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Periodista formado en la teoría y práctica. Disfruta desde un evento de lucha libre en la calle hasta un partido de Champions.
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