La expedición juvenil que se embarcó en la aventura del mundial sub 20 celebrado en Chile, ha dejado destello de que calidad y talento existe en el balompié mexicano, asomándose como un rayito de luz, en medio de tanta oscuridad, pesimismo y sin expectativas de nada en el fútbol mexicano.
Este equipo que mostró cosas interesantes, dejó un grato sabor de boca, que si bien no pudo llegar a donde la afición y medios soñaban, sí han puesto en el ojo futbolístico, que estos chicos pueden lograr consolidar sus carreras, aún y en contra de un sistema que no apoya mucho al talento ni desarrollo del talento juvenil en México.
Del árbol caído, a cortar leña
En el año del 2022, la selección juvenil disputó su eliminatoria para jugarse no sólo un boleto, sino dos lugares a próximas competiciones; un boleto para el mundial sub 20, y otro para los Juegos Olímpicos de París 2024, torneos en los que teoría, no se tendría por qué tener mucho problema par estar presentes, aunque en los últimos años, ya no ha sido sencillo asegurar las eliminatorias.
Aquel equipo fracasó rotundamente, al quedar fuera de ambas competiciones y costarle el puesto de entrenador a Luis Pérez, quien se encontraba a cargo del plantel, suponiendo un golpe de realidad más al fútbol mexicano, que estaba en uno de sus peores momentos (faltando aún lo de Qatar), acrecentando aún más los cuestionamientos.
A raíz de todo eso, hubo cambios en la estructura de la selección nacional, llegando Eduardo Arce a la sub 20, quien en el pasado había estado en el cuerpo técnico del Puebla junto a Nicolás Larcamón, además de dirigir en fuerzas básicas de la franja, e incluso tomar al primer equipo y emular lo hecho por Larcamón, estando cerca de llevar al Puebla a pelear por instancias definitivas en la Liga MX, por lo que se apostó por Arce para enderezar este barco.
La vitrina mundialista
Llegado al mundial sub 20, México contaba posiblemente su equipo con mayor fogueo en primera división, sus seleccionados suman en conjunto más de 20,000 minutos en primera división, en gran parte por la regla 20/11, la cual obliga a los clubes mexicanos a alinear a jugadores menores de 20 años, regla que honestamente nunca debió quitarse, los resultados en el ciclo mundialista pasado, reflejan el error de no seguir apostando por esta regla.
Jugadores como Diego Ochoa, Elías Montiel, Iker Fimbres, Yael Padilla, Hugo Camberos y el más mediático Gilberto Mora, se enfrentaron a selecciones como Brasil y España, que, si bien no llevaron a sus mejores jugadores que aún daban la edad, no dejaban de ser selecciones de peso; le sumamos al gran momento que vive Marruecos, el nuevo “caballo negro”, no se auguraba algo bueno para la selección, sin embargo, sorprendió para bien.
Tras empatar con brasileños y españoles, ganar a los marroquíes, México supero sin problemas a una débil Chile, que ni por ser locales, pudieron sacar el orgullo.
La prueba fuerte era Argentina, el gran “coco” histórico de México en competiciones internacionales, y la historia se volvió a repetir para los nuestros; 0-2 y una selección albiceleste, que “canchera” y a su estilo, pudo más que el ímpetu mexicano, que se quedó por debajo y no pudo llegar más lejos.
Pese a ello, el mundo del fútbol pudo ver un poco el talento de estos chicos, que no sólo están desafiando al fútbol mundial, sino al fútbol mexicano y su sistema que le brinda muy pocas oportunidades al talento juvenil.
El show y el fútbol deben continuar
La eliminación no significa el fin de este ciclo, no significa tampoco que estos muchachos no llegarán más lejos o que ya no habrá más oportunidades, ahora toca turno de volver a la realidad y en la misma, comenzar desde cero, a seguir sus carreras y tratar, de mantener el nivel, pero principalmente, el hambre, la mentalidad de superación y competitividad, algo indispensable para sobresalir no solo en el fútbol profesional, sino en la vida misma.
Antes de pensar en Europa o selección mayor, precisa primero encontrar regularidad y encaminarse a una titularidad, y con ello, el tren de la selección tarde que temprano tendrá que aparecer; no sé si el tiempo dé para que alguno de estos chavos pueda treparse al tren mundialista, que en paralelo, la selección mayor tampoco tiene ni mucho recurso de calidad ni cantidad, algo que pudiera “favorecer” a que alguno de estos elementos tenga alguna oportunidad, pero ello dependerá de lo que logren primero en sus clubes para poder pensarlo.
Dice un dicho, “tras la tempestad, llega la calma”, eso puede reflejar en conclusión este proceso, que ve como una semilla sembrada entre tantas rocas, pueda dar algún fruto en un futuro, pese a que el presente pinta tan oscuro como nunca.
El tiempo será el principal artífice que dirá si terminó por ser algo para bien, o seguiremos igual, ahora toca aguantar lo que venga para el seleccionado mayor, que hunde aún más la expectativa y furor mexicano, pero de eso hablaremos en otra ocasión.
(Foto: X).

Periodista deportivo 24/7, gustoso del buen fútbol y y carreras de autos, charla de todo un poco




