Tesis doctoral que explica la construcción del mito al Santo (Rodolfo Guzmán Huerta). Así es como se logra resumir el libro, con múltiples reediciones, parte del catálogo editorial de la Universidad de Guadalajara: “Santo El Enmascarado de plata. Mito y realidad de un héroe mexicano moderno” (Álvaro A. Fernández). En la breve biografía del autor, explica la forma en que la pasión de un niño por las películas lo motivó a realizar estudios de posgrado sobre la cinematografía mexicana.
La obra se conforma de capítulos específicos que describen las condiciones sociales, culturales y económicas que coincidieron para que surgiera el luchador profesional más importante de México. Aficionados del pancracio todavía discuten si el hombre de la máscara plateada apeló más carisma que al talento para combatir. La república mexicana vivió un periodo inédito sin conflictos armados y bajo la supervisión del primer presidente ajeno a la formación militar: el veracruzano Miguel Alemán Valdés.
El matrimonio Guzmán Huerta emigró del estado de Hidalgo a la Ciudad de México para obtener mejores condiciones de vida. Rodolfo encontró en actividades deportivas la forma de orientar el ímpetu juvenil. La lucha libre cautivó a un público fiel que, semana a semana, acudía a las arenas locales. Previo a usar la máscara que lo hizo un ícono, Rudy Guzmán vivió altibajos con otros personajes. Se usó una estrategia de posicionamiento gracias al desarrollo de los medios de comunicación. El Enmascarado de Plata se hizo popular en la cinematografía y prensa antes de ver a un luchador oficial en un cuadrilátero común.
Inicio contradictorio para el Santo: gladiador rudo cuya imagen insinuó elementos religiosos. La máscara con cualidades poco estéticas evolucionó hasta el modelo clásico en color gris o plateado acorde al material de la indumentaria. El ámbito cinematográfico economizó desde un inicio al crear películas donde un luchador enmascarado combatía a monstruos y, años después, a organizaciones delictivas. Escasa inversión que redituara pronto. Adiós al regionalismo de Pedro Infante o María Félix. El Santo, como superhéroe impoluto, siempre vencía al enemigo.
La redacción cuenta con algunos conceptos usuales para la persona con formación académica humanista. Esto no afecta el ritmo ágil y reflexivo de los escasos capítulos en que se divide la publicación. Álvaro Fernández equilibra con éxito la faceta académica y el sentir de un aficionado hacia un luchador que se convirtió en referente cultural mexicano en el extranjero. Hijo del Santo, en 2025, tiene una gira donde se despide de la actividad como luchador. Este libro tiene un público amplio: desde el aficionado casual al cuadrilátero a una persona común que intenta comprender el contexto social de México en el siglo pasado. Bienvenidos los memes del Santo en Semana Santa y textos como este. La era actual motiva a imaginar a un sujeto combatiendo al mal y celebrando en compañía de una mujer hermosa arriba de un automóvil lujoso.
(Foto: udg.mx)

Periodista formado en la teoría y práctica. Disfruta desde un evento de lucha libre en la calle hasta un partido de Champions.
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